Te despiertas enfadada con el desagradable tono de despertador del móvil, que tuviste que elegir porque uno más agradable no te despierta. Te enfada tener que madrugar tanto y tener que vestirte y salir de casa de noche para llegar al trabajo a tiempo. Te miras en el espejo y te enfada ver los pelos de haberte peleado con todos los gatos de Madrid que llevas. Abres el cajón donde está la alisadora, te enfadas con ella porque arreglarse el pelo es un dolor de huevos, y decides, enfadada, que hoy vas al trabajo con los pelos de la Bruja Avería, y a quien no le guste ya sabe dónde puede meterse su opinión.

El metro viene lleno de gente, y te enfadas porque ya va otro día que no te vas a sentar en la media hora que pasas dentro del vagón. Intentas jugar al Animal Crossing porque ves que tienes cobertura durante el trayecto, pero los señores de Nintendo deciden que no, que no hay conexión, así que pasas 25 minutos enfadada mirando las paredes de los túneles de metro a través de las ventanas.

Enfadarte en el trabajo no es que tenga mucho mérito pero tú eres de esas personas que cuando se ponen a hacer algo lo hacen bien, así que te enfadas más. El gestor no sabe lo que quiere pero sabe que lo quiere para ayer y que si no lo tiene es culpa tuya, así que no te cuesta nada enfadarte por él y por el cajero que sigue estropeado y no te deja sacar dinero para pillar algo en la expendedora. Te enfadas con la cola de la cafetería, con la persona de delante tuya, que carece de la psicomotricidad básica para pedir un café cortado, y contigo porque quién coño te mandaría pasarte al té, cómo quema el cabrón, a ver quién se bebe esto antes de la reunión de las nueve y media.

Te enfada no poder salir a tu hora porque a todo el mundo le da por ponerse a trabajar a las cinco y si te vas quedas como quien abandona una ranked de Overwatch en mitad del ajo, así que te quedas una hora más, enfadada, muy enfadada, pensando en todas las cosas que podrías hacer con esos sesenta minutos extra de tu vida que estás desperdiciando generándole beneficios al dueño de la empresa. Te enfada el olor a rancio del autobús. Te enfada el atasco al volver a casa. No te enfada tanto que mágicamente, en el metro, el Animal Crossing cargue durante el mismo trayecto que por la mañana pero a la inversa, pero sí te enfadas pensando en cómo coño puede el mismo juego cargar por la tarde y por la mañana no, joder, que cuando te aburres es al ir, no al volver.

Te enfada que sea de noche cuando vuelves a casa. Te enfada que sea tan tarde y tengas tantas cosas que hacer y no tengas tiempo para hacer casi nada antes de tener que irte a la cama. Te enfada no haber cocinado y congelado en tuppers la comida para la semana porque tienes que decidir entre ponerte a cocinar a las diez de la noche o gastarte dinero en la cafetería al día siguiente. Te enfada necesitar dos almohadas en la cama para sentirte cómoda, pero solo una para dormir bien, porque cómo coño vas a quitarte la almohada de sobra una vez te duermes, que te vas a levantar con tortícolis. Te enfada irte a la cama tan tarde, porque vas a dormir una mierda y te vas a levantar cabreada y te enfada tanto estar cabreada todo el tiempo, joder.

Oyes un “mrrrrw!”, notas que la gata se te ha subido encima y se te acerca ronroneando pidiendo mimos, y sientes un calorcito dentro mientras le rascas la barbillita, ay cómo le gusta, mira cómo echa la cabeza hacia tu mano para que sigas, qué gatita más bonita tengo, qué ronronera y qué peluda, ojalá la vida aquí tumbadita y dándole mimos a mi gatzzzzzzzzz……

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