Con todos ustedes, la tercera entrada de la iniciativa Adopta Una Autora, en la que mi autora adoptada ha sido Kameron Hurley. Esta vez SÍ es una mini biografía de la autora.

Aunque lo de mini igual es debatible.

Podéis leer sobre más autoras y sobre la iniciativa en general en el blog Adopta Una Autora.

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Kameron Hurley es una escritora de ciencia ficción y fantasía estadounidense.

Ella, no la fantasía.

Kameron Hurley, molándolo todo

Hurley creció en Washington State y ha vivido en Fairbanks – Alaska – donde se graduó en Estudios Históricos en la universidad de Alaska , Durban – Sudáfrica -, donde estudió un máster de historia en la universidad de Kwa-Zulu Natal – especializándose en la historia de los movimientos de resistencia sudafricanos -, y Chicago.

Actualmente vive en Ohio, donde trabaja como redactora publicitaria, y escribe. Y escribe. Y escribe.

Kameron Hurley siempre ha sido muy abierta al hablar de su vida, así que no es difícil juntar los trozos de los que habla en su blog – recordemos que una recopilación de sus posts conforma su libro de ensayos “The Geek Feminist Revolution” – y en las redes sociales. Y no sé si será por, precisamente, la exposición a la autora que dan las redes sociales, pero Hurley no parece la escritora al uso.

Para empezar, Hurley no ha tenido la glamurosa vida que una se imagina de un escritor estadounidense blanco. Es más bien una vida con la que cualquiera de nosotras podría identificarse – al menos hasta que le empezaron a publicar libros y se hizo famosa, vaya -.

Kameron Hurley y Ann Leckie, molándolo todo

Como cualquier niña que haya soñado con ser escritora, decidió que lo sería a los 12 años. Empezó a mandar relatos a revistas a los 15, y a los 17 estaba convencida de que a los 24 se habría convertido en una escritora de éxito. A los 18 años se independizó y se fue a vivir con su entonces novio – y maltratador psicológico en sus ratos libres -, y mientras trabajaba de camarera y asistía a la universidad pública, seguía escribiendo.

Y coleccionando cartas de rechazo de todas las publicaciones a las que mandaba sus historias.

Es muy fácil pensar, cuando lees que su primera relación acabó con su novio plantándola para unirse a los marines y ella llamando a casa de sus padres para que la recogieran y volver a casa con ellos, que lo mismo podría pasarnos a cualquiera – si no nos ha pasado – de nosotras.

Cuando se fue de casa de sus padres por segunda vez, a los 19 años, para ir a la universidad de Alaska, tenía claro que jamás volvería a llamarles para pedirles ayuda.

Hasta esa fecha, Hurley había vivido – en su faceta de escritora – obsesionada con “saber que era buena”. A los 20 años, aún viviendo en Alaska – y aún recibiendo una carta de rechazo tras otra – fue admitida en el taller de escritores de Clarion – un taller super prestigioso de 6 semanas para aspirantes a escritores de ciencia ficción y fantasía – y descubrió que el talento no era lo que hacía que te publicaran.
Tras acabar el taller se obsesionó con intentar comprender qué era lo que hacía que un libro no mejor escrito que cualquier relato suyo fuera publicado, pero sus historias no – spoiler: acabó encontrándolo.

Kameron Hurley, durante el taller de Clarion. Sí, molándolo todo

Acabó su primera novela con 22 años, mientras cursaba un máster de historia en sudáfrica.

Todas las editoriales a las que la envió la rechazaron.

A los 25 años tenía una vida más o menos estable trabajando de asistente de proyectos para una empresa de arquitectura e ingeniería. Un año antes, más o menos cuando comenzó a leer sobre feminismo, había abierto su blog – que al principio se llamó “Brutal Women” -, en el que se dedicaba a hablar sin tapujos y con bastante poco tacto del sexismo que veía en la literatura que consumía. Ah, y seguía recibiendo solo cartas de rechazo a todo lo que escribía.

 

Hurley siempre ha tenido problemas con su peso. Desde pequeña fue objeto de burlas por ello, y tenía que pasar horas en el gimnasio, y vivir de arroz, pollo y queso en tiras para mantener una figura aún “plácidamente curvilínea”.

Y de pronto, en otoño de 2005, el año en que empezó a escribir “God’s War”, comenzó a perder peso. O mejor dicho, de pronto le empezó a costar menos mantenerse en línea. Lo cual estuvo muy bien.

Al principio.

Una cosa que en 2005 tenía Estados Unidos es que aún no existía ObamaCare. Cuando Hurley, según pasaban los meses, comenzó a tener infecciones por hongos y sinusitis constantemente, le comenzaron a sangrar las encías a lo bestia cada vez que se lavaba los dientes y empezó a estar sedienta y cansada todo el tiempo, obviamente, acudió a varios médicos y les contó sus síntomas.

Y los médicos atribuyeron los síntomas al estrés.

El seguro médico que le proporcionaba su empresa era más bien mediocre, así que cada vez que iba al médico era a alguno barato, y nunca repitió doctor, así que ninguno hizo un seguimiento de sus síntomas.

Llegó un momento en el que su cuerpo se rindió, y tras un ataque y estar en coma 48 horas, descubrió que lo que tenía era diabetes tipo 1. Y una pila de facturas por la estancia en el hospital que no cubría del todo su seguro.

Viva EEUU.

Cuatro meses después, aún recuperándose de su experiencia en el hospital y acostumbrándose a la toma de insulina periódica – y habiendo recibido otra carta de rechazo de su última novela -, la echaron del trabajo.
Lo bonito de esto es que, sin trabajo y con una enfermedad autoinmune, nunca iba a conseguir un seguro médico. Y para mantener su estatus de “asegurable” debía pagar $800 al mes, más los $500 que costaba su insulina. Si pasaban más de 60 días sin que tuviese algún tipo de seguro, pasaría a ser “no asegurable” entre 1 y 2 años.

Así que empezó a sacar dinero de su plan de pensiones (401k, lo llaman en EEUU), a coleccionar tarjetas de crédito para pagar el alquiler y la medicación, y a saltar de un trabajo temporal a otro para mantener su estatus de asegurable. Hasta que ya no pudo seguir haciéndolo.

En marzo de 2007, con 27 años, se mudó a Ohio a vivir en la habitación libre de un amigo – así no tendría que pagar alquiler -, mientras vivía de insulina caducada y seguía encadenando trabajos temporales. Una fiesta, vaya.

Una de esas empresas decidió contratarla – no sin que ella expusiese su caso “o me contratáis o no podré pagar la medicación que me mantiene viva” – y hacerle un seguro que le cubría toda la medicación. Vale, a cambio de un sueldo de mierda, pero según la propia Hurley, esa empresa le salvó la vida – aún les hace trabajo como freelance y no les cobra por ello -, y la cobertura de su seguro médico era tan buena que en la empresa se solía bromear con que trabajarían gratis solo por tenerlo.

Con el tema de seguir viva ya más o menos apañado pero aún habiendo tocado fondo profesional, financiera y emocionalmente, recibió la primera carta de aceptación de uno de sus libros a los 28 años. Le ofrecieron un contrato por una trilogía y le pagaron por adelantado. Y aunque el libro nunca llegó a publicarse, Hurley cobró por adelantado y no tuvo que devolver el dinero, así que por fin pudo poner un poco de orden en su vida, pagar las deudas de (casi todas) sus tarjetas de crédito, y mudarse a un piso propio.

Y bueno, cualquiera diría que esto son buenas noticias, pero para ella las cosas no fueron tan simples. Por fin había cobrado por un libro. Vale, no se había publicado, pero aquello era un formalismo. Ya tenía dinero, ya podía volver a vivir como las personas. Pero eso no la llenaba como se imaginó que lo haría. Tras escribir “para ser escritora” durante 15 años, solo el dinero no era satisfactorio. No era suficiente. No era por lo que escribía.

Si no os identificais con alguien que cuando por fin consigue aquello por lo que ha luchado durante décadas le da por tener una crisis existencial, no sois de mi misma especie.

Un año después por fin llegó un contrato de publicación que se realizó – este libro era God’s War, sí -. Y bueno, las cosas empezaron a ser más fáciles desde aquí, para qué mentir.

Kameron Hurley, a la derecha y toa informal, molándolo todo de nuevo

Es curioso que a partir de este punto habla menos de su experiencia vital que de todo lo anterior. Supongo que porque las experiencias que te moldean como persona son las más duras. Y aún así… Bueno, no nos dejemos engañar por Dan Brown, siendo escritora una no se hace precisamente millonaria.

Aunque se dedique a ganar premios como quien se cambia de pantalones.

Hurley se ha dedicado toda su vida a sobrevivir y a seguir escribiendo, y es lo que ha estado haciendo estos últimos años. Ha escrito, ha firmado contratos, se ha peleado con sus editores, ha ganado premios, ha seguido escribiendo. Ha mantenido su trabajo de redactora publicitaria porque aunque a día de hoy gana lo suficiente como para ser solo escritora, sabe perfectamente que eso no garantiza que dentro de dos años vaya a ser igual. Sobre todo después de que la nueva administración se haya cargado ObamaCare.

Su primera trilogía (God’s War, Infidel, Rapture) ganó en 2012 el premio Sydney J. Bounds a la mejor escritora debutante y el premio Kitschy a la mejor novela debutante. En 2013 ganó dos premios Hugo a mejor trabajo relacionado y mejor “fan writer”. Su libro “The Geek Feminist Revolution” ha ganado el premio Locus a mejor trabajo de no ficción en 2016, y el premio Hugo este año a mejor trabajo relacionado. Sus libros han sido traducidos a rumano, sueco, alemán, hebreo, chino, español y ruso. Ha sido profesora invitada en la universidad de Buena Vista, y enseñado redacción publicitaria en la School of Advertising Art (¿Escuela de arte publicitario?).

También ha seguido actualizando su blog, ha asistido a eventos de ocio alternativo, y ha mantenido su activismo en las redes sociales. Se ha moderado en sus opiniones, claro, porque ahora ya no está en el lado de los fans, ahora está en el lado de los creadores, y cuando eres tú quien crea las historias tienes unas responsabilidades que antes no tenías. Pero sigue dando zascas a diestro y siniestro en temas de feminismo.

Y sigue escribiendo.

Lo más fascinante de Kameron Hurley es que siempre ha seguido escribiendo. Ha asumido la “persistencia” como no un fin, sino como el propio camino. Tiene bien claro que con su escritura lo que quiere es cambiar el mundo, y bueno, eso no se consigue con talento. Ni con dinero. Se consigue con persistencia.

Al menos así es como lo ve ella.

Ya sea por su experiencia vital o porque hay gente con ese temperamento, Hurley tiene muy presente que no hay finales felices: La vida simplemente sigue. Hasta que todos nos morimos. Y lo que importa de verdad es lo que hacemos con ese tiempo.

Ella lo usa escribiendo libros para intentar cambiar el mundo.

“La vida es lo hiciste con lo que se te fue dado”
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