Este post es una respuesta directa al artículo “Ningún algoritmo lleva bigote”, de Frédéric Beigbeder. Es totalmente necesario que para entender mi respuesta leáis el artículo original, que creo que no está disponible en internet – quizá debido a la tecnofobia de su autor – pero podeis leer aquí.

Es gracioso que una persona a la que seguramente no escucharía ni su padre si no fuera por internet ataque tanto a la herramienta que le ha dado voz, pero en fin, lean su artículo, lean el mío, y feliz año nuevo a todas :3

 

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Recientemente el grupo de Facebook “Locas del Coño” ha sido cerrado unas tres veces seguidas. Puede que mas, he perdido la cuenta. Cuando las administradoras del grupo consiguen contactar con quien sea de facebook que haya que contactar para que te reabran una página, centenares de hombres se organizan en otros grupos para denunciarlas y volver a cerrarlo. Ha sido a causa de hombres que creen que si no vives como ellos mereces ser atacada. Miare, ex novia de Dalas, está siendo acosada sin descanso por los miles de fans de su ex novio, convencidos de que él es el bueno y ella una persona malvada que solo busca fama y atacar a un buen hombre. Quien les ha convencido de que un maltratador misógino y megalómano es una víctima es un hombre. Un hombre que cree que si eres mujer y no te pliegas a su voluntad mereces ser castigada. Un hombre que sabe que si no piensas como él es que estas equivocada.

Un hombre que se siente en la obligación de dejar claro que él tiene razón y el resto son unos parias es, como siempre, el responsable. El hombre es y siempre ha sido el poder supremo. Son hombres los que legislan sobre lo que podemos o no hacer con nuestros úteros, los que gobiernan por y para ellos, los que nos cuentan que pensar diferente “es malo”.

¿Podéis definir qué es un hombre? ¿No? Para vuestra tranquilidad, yo tampoco. Como toda buena persona que no quiere molestarse en documentarse sobre lo que habla, he acudido a la wikipedia: “Varón adulto de la especie humana, por oposición al niño, o incluso al joven”. Como veis, está mucho más claro. Las voces que escuchamos en los medios están llenas de “hombres” que nos explican por qué nuestras vidas están mal y deberíamos vivir como ellos dicen. Pero la publicidad está vendida. Estáis vendidos – ojo, vosotros, no yo, yo estoy por encima de la manipulación mediática, y lo dejo muy claro aquí -. Vuestros gustos, vuestras opiniones políticas, están manipulados según les convenga. Pronto, un hombre os dirá que vivir bajo techo y comer tres veces al día es un lujo y que no se puede querer vivir como señoritos, que somos unos vagos. O a qué músicos debéis escuchar para consideraros personas. O qué profesión debéis elegir para merecer el respeto ajeno. The man is judging you.

Lo he dicho a menudo desde la publicación de inserte libro que me haga parecer más lista que quien esté leyendo esto: Desconfiad del paternalismo y del “sé lo que es bueno para ti”. Trabajáis por la cara para enriquecer a hombres que no han movido un dedo en su vida para ganarse nada pero tienen la soberbia de deciros a vosotras todo lo que estáis haciendo mal. Deberíais cobrar por todo el tiempo que tenéis que tragaros su mierda. En The International, los malos eran hombres que dirigían bancos, hombres cuya voz nos obligan a escuchar y nos dice cómo debemos vivir.

Lo que me fastidia de todo esto es cómo esos hombres en posición de imponernos su voz se dedican a atacar e insultar todo lo que no es como ellos. Estamos en manos de hombres que opinan que “friki” y “nerd” son los insultos máximos, y que predican que la evolución de las nuevas tecnologías son el mal sentados delante de sus ordenadores personales y enviando sus artículos por correo electrónico. Hombres que nos están intentando colar que el capitalismo lo inventó Zuckerberg y que antes de internet la propiedad privada significaba algo.

El mundo actual está en manos de hombres que tienen claro que si no pasaste la infancia como ellos, es que no te divertiste. Que jugar a videojuegos y estar frustrado sexualmente van cogiditos de la mano, y que las dos son cosas abominables. El planeta está en manos de cretinos que tienen claro que si no vives como ellos mereces que te insulten, que no tienen ni puñetera idea de cómo instalar un sistema operativo en su ordenador pero se sienten mejores que la persona a la que tienen que pagar para que se lo instale. De hombres que de verdad creen que la red de redes es el fin de la democracia y la privacidad, porque al parecer antes teníamos muchísimo de ambas cosas. De hombres que, desde su posición acomodada y sin haber tenido que experimentar en su vida lo que es no saber si llegarás a fin de mes, nos dicen qué formas de vivir están bien y qué formas de vivir están mal.

Frédéric Beigbeder no bromea; es un tío – nótese que ya no uso “hombre”, el cambio deja claro que estoy intentando degradarle, que no le considero un igual – que piensa que saberse los diálogos de Star Wars es algo deleznable y digno de insulto, que haber creado redes sociales, motores de búsqueda, y todo un mundo en internet es no tener imaginación, supongo que porque si él no es capaz de imaginarlo entonces no es algo que requiera esfuerzo. Un tío que piensa que no haber escuchado a Bob Marley es un problemón social inmenso. Un tío que piensa que el valor de un hombre depende del número de mujeres que aceptan tener sexo con él, y que por lo tanto decide que si un hombre no liga es que es un mierdas. Un tío que tiene mucha envidia, y se le nota, de los genios de las dotcom que han amasado su fortuna pudiendo pensar en un mundo que él no es capaz de concebir ni puesto de anfetas. Pero ojo, solo de los hombres, de las mujeres que estudiamos para dedicarnos a ello no dice ni mú – salvo que somos el premio que hace que un hombre valga o no valga, vaya -, será porque tampoco es capaz de concebir que una mujer pase toda su infancia y juventud jugando a videojuegos, delante de la pantalla del ordenador, sin ligar – porque las mujeres también ligamos, caballero – o concibiendo maneras de cambiar el mundo a través de las redes. ¿Será que para él las mujeres no merecemos mención, o es que pensar en una mujer siendo algo más que un trofeo para un hombre también escapa a su basta imaginación?

Un tío que seguramente sepa bailar, surfear, patinar, hacer skate y, eh, esto que quede muy claro, follar, pero que no sabe respetar a la gente que no quiere o no puede vivir así. Un tío que al parecer ganó el premio míster universo 2010 y “sabe” que si no estás cachas es que eres un perdedor, y que hace juicios de valor sobre los hábitos masturbatorios de los adolescentes – aquí haría un comentario sobre monos pero es demasiado fácil -. Un tío que piensa que ser el primero de clase en matemáticas es algo malo. Un tío que asume que el primero de clase en matematicas fue un tío. Bueno, caballero, yo fui la primera de mi clase en matemáticas. Y en física. Y en química. Y en biología, geología, literatura… En todo, menos en educación física, fíjesé. Y los abusones de mi clase también me insultaban, exactamente del mismo modo que usted lo ha hecho en su artículo.

Yo no he recibido ningún premio del que pavonearme en esta entrada de blog, porque como soy mujer mi voz no tiene la misma importancia que la suya y a mi no se me escucha ni se me da espacio en un periódico solo por mi género. Pero al final de COU me entrevistaron para un pequeño espacio en la revista del instituto, a mi y a las otras tres personas con evaluaciones de sobresaliente en todo durante los cuatro cursos del instituto – sí caballero, al final mejoré también en educación física. Porque no hay otra como yo -, y como viene tan a cuento como lo que comenta usted de que tiene un premio ICON y le dio la mano a Albert Rivera – seguro que se siente tremendamente orgulloso de ello, no como Zuckerberg, que solo ha creado algoritmos; usted hace cosas IMPORTANTES -, pues voy a hablar de ello. El recuerdo es muy bonito ahora, aunque en su momento no me di cuenta, porque éramos cuatro personas, y de ellas solo un chico. “Los” más listos del instituto éramos prácticamente todas mujeres, pero éramos “los”. Fíjese, como su artículo, en el que no menciona a las mujeres ni una vez. Bueno, sí, para dejar claro que somos trofeos.

Pero divago: El caso es que nos preguntaron cómo lo habíamos hecho; cómo podía alguien conseguir lo que nosotras habíamos conseguido. Y recuerdo que mis tres compañeras daban respuestas arquetípicas; no decían la verdad. O bueno, puede que en ese momento ellas creyeran que decían la verdad, pero entonces no lo vi así. Yo, sin embargo, sí dije la verdad. Yo dije que el esfuerzo es una parte importante, pero que no hay fórmula magistral: No hay algoritmo. Nacimos con ventaja. Nos esforzamos como las que más, pero la batalla no era justa porque nosotras habíamos empezado con dos vueltas de adelanto respecto al resto de corredores. Mis respuestas a la entrevista fueron eliminadas del artículo definitivo. El artículo fue una entrevista a un “ente” que, cómo no, tenía género masculino, y nos representaba a las tres chicas y al chico que habíamos sido entrevistadas. Y quien decidió lo que se publicaría o no se publicaría en el artículo no fue un algoritmo; fue un hombre que “sabía” lo que la gente que leyera la revista del instituto debía leer.

Como una de las cuatro personas con notas perfectas en mi promoción del instituto, no puedo terminar este post sin darle las gracias a los profesores y profesoras que me enseñaron que pensar diferente no es estar equivocado, que mi estilo de vida no hace que valga más o menos, y que mi modo de ver el mundo ni es el único ni es “el correcto”. Que me enseñaron a ser crítica con la información que me quieren vender esos hombres como Frédéric Beigbeder, que seguro que follaba mucho y era muy bueno en educación física, pero le pediría los apuntes de matemáticas al friki con el que se mete en su artículo – eh, si él hace asunciones, yo también puedo -. Que me enseñaron a desconfiar de esos hombres que me atacan por ser quien soy y me intentan vender que su manera de ver el mundo es la única y la correcta. Profesores y profesoras que me aguantasteis y enseñasteis durante cuatro años, tenéis toda mi gratitud. Vosotros y vosotras, al menos, no sois esos hombres que intentan que el mundo se quede quieto como a ellos les gusta a base de paternalismo e insultos. Vosotros no sois Frédéric Beigbeder.

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