Soy una mujer heterosexual. Y como heterosexual puedo decir, alto y claro y sin ninguna duda, que no me siento orgullosa de ello en absoluto.

No me puedo sentir orgullosa de haber sido valiente y haber declarado mi heterosexualidad a mis allegados a sabiendas de que me podrían repudiar, pensar mal de mi, o que me podrían echar del trabajo o incluso de mi casa; porque veréis, la gente no te echa de su vida/empresa porque les digas que eres heterosexual.

Tampoco puedo ser valiente saliendo a la calle a gritar que existo aún sabiendo que en mi país hay pena de muerte para la gente como yo, o cogerle la mano a mi pareja por la calle aunque haya muchas posibilidades de que nos vean y nos peguen una paliza. Desgraciadamente, los heterosexuales no corremos ningún peligro en ningún lugar del mundo por expresar nuestra identidad sexual.

No tengo que luchar para que se reconozca mi existencia y se admita que mi orientación sexual no es una enfermedad, porque desde pequeña me han enseñado que la heterosexualidad está bien y es lo que debo ser, incluso más de la que me gustaría, así que no queda nadie por convencer de que existo y de que soy normal, ya veis.

No me sentí un bicho raro ni tuve que descubrirme a mi misma a pesar de que toda la sociedad me gritara que debía ser todo lo contrario a lo que soy porque, veréis, soy exactamente lo que la sociedad quería que fuera. No tuve que ser valiente para ser yo por encima de todo lo demás, ni tuve que sentirme frustrada porque la sociedad tenía más fuerza que yo.

No aguanto a diario insultos en los medios de comunicación por parte de mis gobernantes, de las instituciones eclesiásticas, o de “profesionales cualificados”, por ser heterosexual. Cuando pongo la tele lo que veo, de nuevo, es afirmación de la heterosexualidad por todos lados. La televisión habla bien de mi, no me ataca. No me dice que estoy enferma ni me mete en la cabeza que debería curarme o que estoy en una fase y ya se me pasará. Así que tampoco puedo demostrar mi carácter o probarme a mi misma que soy mejor que todo esa gente que me ataca… Simplemente porque nadie me ataca.

No he tenido que enfrentarme a nada ni hacer nada extraordinario por el hecho de ser heterosexual. Simplemente es algo que estaba ahí, y no ha marcado ninguna diferencia en mi vida. Así que no me siento particularmente orgullosa de serlo.

Pero qué cojones, sí, por si me faltara algún privilegio por ser heterosexual, también quiero que, aparte de que se celebre y alabe mi sexualidad durante todo el año, tenga un día especial para montar una fiesta sobre que me gustan los hombres.

Por qué no!

Feliz día del orgullo heterosexual! Hay fiesta en mi casa! Traed bebidas, la tarta la pongo yo!

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